Buenos Aires

Brava y enternecedora

Los nombres de sus barrios son todos igual de sonoros: La Boca, San Telmo, Belgrano, Palermo, Recoleta, Caballito… Hoy reviven, salvando grandes distancias económicas de unos a otros, con nuevo brío quién sabe si procedente de la herencia de sus antepasados. Es siempre el mismo tópico: melancolía, tristeza, corazón. Son sólo palabras, pero dotadas de matiz inclemente en el alma de cada bonaerense.

Casa Rosada

 "La primera fundación de Buenos Aires, en lo que entonces eran más bien tierras pantanosas, corrió a cargo de Pablo de Mendoza en 1536. La segunda, por Juan de Garay, que vino en busca de la leyenda sobre la existencia de oro y plata, en 1580. Hoy la pisan a diario casi 14 millones de personas. ¡Quién le iba a decir a Garay que hoy iba a ser una ciudad herida, apasionada pero con corazón para salir de cuatro siglos de avatares! Desde aquella fundación oficial, asesinatos, traiciones y mil vicisitudes han acaecido a los sufridos pero luchadores bonaerenses.

La llaman triste, melancólica, cruel y cien sobrenombres más. Pero es una ciudad viva, es el brotar de tanta sangre en sus habitantes lo que nos encandila y nos asusta. Otros viajeros han vuelto de Buenos Aires y les he preguntado por su impresión desde la lejanía; coincidimos en que antes de viajar allí por primera vez nos puede la ilusión por recorrer tan culta ciudad. Luego, de vuelta, alegría y tristeza por igual nos sumen en un llanto interno inversamente proporcional a la sonrisa que nos produce su recuerdo.

Buenos Aires es una urbe pujante en el nuevo escenario financiero latinoamericano. "¿Qué es lo que lleva al político a optar por la construcción de la felicidad colectiva?", se pregunta Gabriel Chalita en 'Los diez mandamientos de la ética'. Una pregunta que nos parece muy infantil si miramos los continuos desmanes que los políticos bonaerenses han hecho a lo largo de décadas, de casi un siglo. Pero estamos de suerte: el nuevo empresariado argentino es fuerte, instruido y trabajador, y algunos de los nuevos políticos que en un futuro no muy lejano sustituirán a los actuales, incluso a los poderosos 'jefes' de las provincias, también.

La política es parte de la vida de los argentinos y, por ende, de los bonaerenses. Las pasiones en ese terreno siempre han sido peligrosas. Que se lo digan a los peronistas. Todos saben y se pronuncian sobre Política, les es consustancial. Lo contrario sería una mañana de sábado sin sol. Es pasión, que de eso saben un rato. Y pasiones son las del tango, las del torturado personaje de Sábato en 'El Túnel', las del Maradona de La Boca, las del mate y el asado. El alma de la ciudad es así, resuelta y brava, una urbe de belleza y pasión.

De Plaza de Mayo a Microcentro

Pero hay que avanzar porque la ciudad tenemos que verla, no hay que perder tiempo en demasiadas reflexiones aunque resulten oportunas. Para seguir una ruta más o menos ordenada debemos poner la bandera de partida en Microcentro y Plaza de Mayo. Esta última nos resulta familiar porque sabemos de las reuniones de todos los jueves a la misma hora de las Madres de Plaza de Mayo y porque es el lugar en el que sistemáticamente se producen protestas políticas.

En ella, con aire serio, nos mira la Casa Rosada. Evidentemente, hay que contar el motivo por el que así se la llama: dicen que el antaño presidente Sarmiento fue instado a decantarse por uno de los dos movimientos políticos en liza -blancos y 'coloraos'- y su decisión, fuese la que fuese, sería expresada en la fachada de la Casa de Gobierno. La respuesta de Sarmiento fue ordenar que se mezclara pintura roja y blanca en idénticas cantidades. Es una explicación muy poética y a muchos nos gusta creerla, aunque también dicen que quedó rosada porque se pintó con sangre bovina, de uso muy común entonces. En su fachada los argentinos aún miran el mítico balcón desde el que Evita arengaba a su pueblo.

A unas pocas cuadras, en Avenida de Mayo, late el Café Tortoni. En cada ciudad del mundo hay, por excelencia, un café en el que generaciones de intelectuales se han sucedido para sellar alrededor de sus mesas el imprescindible aroma romántico, bohemio y narcisista. El Tortoni es el de Buenos Aires: elevadísimos techos, mesas de mármol y paredes repletas de recuerdos han acogido las disertaciones e intercambios de pareceres de Borges, Storni, Quinquela Martín, Gardel y muchos otros, a los que se unieron en diferentes épocas ilustres extranjeros de todo el mundo. Hoy sigue siendo un lugar cálido en el que damas de la antigua alta sociedad toman un café junto a jóvenes enfervorecidos por las pasiones culturales y de la vida.

Costanera

El corazón de la antigua ciudad

Pegado a San Telmo, Puerto Madero es un barrio casi recién concebido, es al que se dirigen las inversiones para restaurantes de enjundia, centros de ocio y 'boliches', oficinas y viviendas de lujo. Durante varios kilómetros sus edificaciones corren paralelas al río de la Plata, aprovechando antiguos almacenes portuarios para convertirlos en viviendas que conviven con edificios también recientes destinados a oficinas, sobre todo de empresas extranjeras.

Puerto Madero es nuevo -le gana Costanera-, pero no es la esencia de la ciudad. Hay que adentrarse en San Telmo, La Boca o en Barrio Norte para que nos sintamos extranjeros, es decir, que de verdad tengamos sensación de estar descubriendo un lugar y sus gentes, en este caso maravillosas. San Telmo es otro de los tradicionales, donde aún los artistas tienen su pequeño Montmartre. Hay que ver en la plaza Dorrego no sólo el mercadillo de antigüedades de los domingos, sino el espectáculo en plena calzada de los bailarines profesionales de tango. También hay que acercarse a Casa Eseiza, declarada Patrimonio de la Humanidad y a la espera de una urgente remodelación, que alberga tiendas de antigüedades, y los 'conventillos', casas de ricos abandonadas que servían para acoger a los inmigrantes.

Y algo más al sur está La Boca, el pintoresco barrio de casas pintadas en vivos colores y tejados de chapa, antiguo lugar al que arribaban los inmigrantes italianos del XIX. Es Caminito su centro, el paseo peatonal cuyo nombre sirvió al tango de Gardel, y en el que aún podemos revivir la dureza de aquellos tiempos en el popular barrio obrero. En el laberinto boquense conviene, como contraste, visitar la casa del pintor Quinquela Martín, el que mejor expresó el alma del complicado barrio.

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Avda. del Libertador
Puerto Madero
Músicos en Recoleta
Mercadillo Plaza Dorrego
Café Tortoni

Y dando un gran giro al camino, un buen recorrido por la zona norte, de lo más moderno, empieza en el barrio de Retiro, llamado así porque siglos atrás era terreno solitario magnífico para reflexiones espirituales. La Estación, ya algo decadente, es casi un símbolo por lo que significó del paso de Buenos Aires aldea a ciudad. Alberga multitud de palacios y mansiones con una afinada restauración, como la Cancillería.

Mientras, en Palermo se aprecia hoy el cambio a un paradigma de modernidad, de ciertas elites. De este barrio sobresale la gran cantidad de espacios verdes y las casas natales de Jorge Luis Borges y 'Che' Guevara, para los nostálgicos, y entre Retiro y Palermo, el barrio de Recoleta se muestra salpicado de cultura y tradición. Y aparece el cementerio de la Recoleta, un increíble laberinto de mausoleos con unas pocas tumbas porque aquí, como dicen, la gente compra "un pedacito de cielo". El mausoleo de Eva Perón, Evita, muerta de cáncer a los 33 años, es visitado por mareas de gentes cada día. Cuando su cuerpo volvió a Argentina desde el exilio para ser enterrado, más de uno volvió a enamorarse de ella. La vida, y quizás más la muerte de Evita, ha trascendido para entrar en el terreno literario, en un mito, vamos. "Aquí descansan quienes nos precedieron en el camino de la vida", reza un letrero que con tan bella leyenda sirve para evitar que se fijen carteles en la tapia del cementerio.

Y así es Buenos Aires, ciudad que vive entre la pasión enternecedora y agria con un dulzón amor por su raíz profunda con un aire doliente. Millares de palabras quedan en el tintero. Suyo es mi corazón.

El tango

Solos, los inmigrantes europeos empezaron a pasar las noches crueles del Buenos Aires de finales del XIX bailando apretados unos contra otros, en una especie de danza violenta y sensual que semejaba en parte el acto sexual. De una lucha de varones a los que les iba la vida en ello, que se jugaban el pellejo antes que lamentarse, nació el tango.

Y dicen que fue en los burdeles, mientras los hombres esperaban turno. De aquella danza nostálgica de arrabaleros con algo de alcohol en el cuerpo y la ausencia de una mujer, surgía un baile complicado cuya lascivia lo hacía acotado a tugurios de pobres. Pequeños grupos musicales comenzaron a arrancar música a ese ritmo varonil y ya clientes y prostitutas se mezclaron.

Pero era imposible que su fuerza no se transmitiera: caló en jóvenes de familias adineradas que lo llevaron hasta París. Fue un camino de ida y vuelta y, de nuevo en Buenos Aires años más tarde, explotó. Cuando el tango regresó a la urbe era más complejo y refinado, y tiempo después surgía la figura de un hombre, Carlos Gardel, mito por los siglos de los siglos. Hijo de una inmigrante francesa pobre y desarraigada, madre e hijo llegaron a la ciudad y sobrevivieron para gloria del resto del mundo. El joven Carlos cantó primero a dúo y ya en solitario las décadas de los veinte y treinta del pasado siglo se le hicieron pequeñas a su voz dulce y toda ella empaque, a su carisma absoluto y a su capacidad de edificar las mejores letras.

Era un mito y así tenía que ser: murió en un accidente de avión en 1935, en lo mejor de su carrera. Su fallecimiento no fue el único, porque al conocerse la tragedia al menos una mujer se suicidó, y varias lo intentaron en diversos puntos del mundo. Hoy visitan la tumba de Gardel en el cementerio de la Chacarita casi tantas personas como las que acuden a la de Evita.

Junto a Gardel, Astor Piazzola, Julio Sosa y Susana Rinaldi han marcado la historia de una música y un baile tan difíciles como bellos. Con el bandoneón encabezando el ritual.

 

Guía práctica

Cómo llegar
Las principales aerolíneas tienen vuelos diarios a Buenos Aires, al aeropuerto conocido como Ezeiza, por lo que conviene informarse sobre los mejores precios y horarios. Las tarifas suelen ser más elevadas en los meses de julio y agosto -allí es el invierno austral- y en diciembre. Se encuentran vuelos de ida y vuelta desde 600 €. Para desplazarse por la ciudad se puede optar por las líneas de autobuses -los llaman 'omnibus'- y el metro -el 'subte'- o por recorrer el centro a pie. En hora punta, Buenos Aires es un caos automovilístico. Para entrar al país los españoles sólo precisan el pasaporte.
Moneda
El peso argentino (1 € = 3,59 pesos argentinos, aprox.). El dólar, salvo para pequeños pagos, es perfectamente aceptado, y también el euro en numerosos establecimientos.
Dónde dormir
Más de cinco millones de turistas visitan Buenos Aires cada año, por lo que la oferta hotelera se ajusta a todos los bolsillos. Las mejores cadenas están presentes con hoteles de cuatro y cinco estrellas, junto a multitud de alojamientos de mediana calidad y una abundancia de hoteles familiares, pensiones y albergues. Los superiores son siempre un seguro, mientras los de categoría inferior es recomendable verlos antes, porque a muchos aún les queda pendiente la tarea de su rehabilitación.
Qué comer
En un país de la mejor tradición ganadera, sobre la carne gira la esencia de la gastronomía, junto a pastas y ensaladas. Pocos mercados pueden competir en calidad con la carne de ternera argentina, así que lo mejor es acudir a las parrillas para degustar extraordinarios bistecs. La otra versión es el asado, de varios tipos de carnes, para estómagos fornidos, y luego la oferta da paso al 'matambre', churrasco, empanadas, estofado, pescados -muy bueno el lenguado-, pastas y pizzas, vinos de Mendoza, el afamado dulce de leche…
Como en cualquier gran capital, todos los barrios acogen opciones magníficas para romper la dieta. Desde los nuevos asentados en Costanera y Puerto Madero, a los de barrios céntricos y del sur, restaurantes de alta cocina argentina e internacional, y los que siguen la estela de la tradicional y los llamados de fusión, la oferta es insuperable. Lo mejor es que nos recomienden alguno en Recoleta, Puerto Madero o Palermo.
Que comprar
Aunque ya no hay gangas como las de hace unos pocos años, los precios siguen siendo bajos en comparación con España -algunos productos cuestan sólo la tercera parte-. La lista de recomendaciones es inmensa: prendas de piel y marroquinería, mates, música de tango, material fotográfico y digital, cuchillos, artesanía, pintura, ropa, antigüedades, vino, libros, etc.
Direcciones de interés

 

 
 

 

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