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CHINA
El dragón despierta
La apertura de vuelos directos entre España y China ha
desatado la pasión por el gigante asiático. Se calcula que
cerca de medio millón de españoles visitarán este año un
país marcado como pocos por la mezcla de etnias -junto a la
mayoría 'han' conviven hasta 55 minorías étnicas-, la
combinación de la tradición y la modernidad y la difícil
coexistencia de más de 1.000 millones de personas dedicadas
al cultivo de la tierra, junto a otros 500 millones volcadas
en las actividades comerciales y el turismo.
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| Detalle de dragón en la Ciudad Prohibida |
Descubrir el País del Centro (es lo que significa China)
es ahora casi tan 'cómodo' como llegar a México D.F., por
ejemplo. La capital, Beijing -o Pekín-, está a tan 'sólo'
diez horas y media de vuelo desde Madrid, o trece si nuestro
destino es Shanghai. Al viajero le merece más la pena
comenzar por descubrir Beijing, a la que se suele llegar en un
vuelo nocturno que despierta casi a su final sobrevolando un
sobrecogedor desierto del Gobi, en el que desde el aire
todavía se aprecian las estelas de los ríos que un día
recorrieron las hoy blancas arenas.
Para conocer una ciudad que de una punta a otra ocupa 170
kilómetros y por la que transitan unos 2 millones de coches y
15 millones de bicicletas, resulta vital alojarse en un hotel
bien situado. Aun así, en Beijing -como en casi toda China-
es imprescindible tener paciencia, mucha paciencia. Paciencia
para moverse en medio de atascos impresionantes y una
circulación caótica -los vehículos, singularmente las
bicicletas, muchas de ellas con pequeños motores recargables,
pueden sorprender con las maniobras y direccionamientos más
inesperados-; paciencia para no agobiarse ante la multitud de
chinos que uno se encuentra en todos los sitios y a casi todas
horas; paciencia para no desesperarse cuando se constata que
el inglés no está en absoluto tan generalizado entre la
población como se indica en las oficinas de turismo (y que
incluso las tarjetas con direcciones en chino no son
entendidas por todos los taxistas); paciencia para ser
atendido en los restaurantes, paciencia para aguantar
desesperantes regateos en las compras… paciencia, en suma,
para casi todo.
La Plaza de Tian Anmen (en castellano Puerta de la
Tranquilidad Celestial) no sólo ocupa, con 44 hectáreas de
extensión y 800 metros de largo, el centro de Pekín, sino
que se considera es el corazón de China. Allí fue donde Mao
proclamó el 1 de octubre de 1949 el nacimiento de la
República Popular China y allí es donde se exhibe su
féretro, albergado en un monumento a los héroes del pueblo y
ante el que desfilan miles de personas cada día. Se dice que
cada chino está obligado a visitarlo al menos una vez en su
vida y suelen aguardar pacientemente más de dos horas para
ver el cuerpo de Mao durante apenas unos segundos. La plaza
merece también una visita nocturna, tanto por su iluminación
como por el ambiente de sus puestos callejeros de comida y
bebida.
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| La Ciudad Prohibida |
Tian Anmen abre la entrada a la Ciudad Prohibida, un
impresionante recinto cuya construcción duró catorce años y
de la que se dice que un emperador necesitaría veinticuatro
años para poder dormir en cada una de sus habitaciones.
Protegida por un foso de 52 metros de agua y una muralla de 10
metros de alto, resulta muy difícil describir con palabras
acertadas las maravillas que representan sus salones, templos
y dependencias, todas ellas jalonadas por exquisitos
tejadillos curvados, en gran parte hechos con tejas vidriadas
de color amarillo y vigilados por criaturas mitológicas, que
se dice protegían el edificio contra rayos e incendios.
Curiosa creencia si tenemos en cuenta que a lo largo y ancho
del contorno se distribuyen hasta 308 tinajas, destinadas a
recoger el agua suficiente para apagar cualquier posible
incendio. A la entrada de la mayoría de edificios llaman
también la atención una pareja de leones de piedra,
asociados al poder imperial.
Visitas obligadas en Pekín son también el Palacio de
Verano, un jardín veraniego para los emperadores de la
dinastía Qing y en la actualidad uno de los parques
imperiales más majestuosos de China; el Templo del Cielo, el
más grande del país en su género y donde los emperadores
rendían culto al cielo y rogaban por una buena cosecha; y el
Templo de las Lamas, en cuyo interior alberga un buda para
cada ocasión, el más impresionante una estatua en madera de
sándalo del Buda Maitreya.
Uno de los referentes de China, la Gran Muralla, se
encuentra a apenas una hora en coche de Beijing en los puntos
más próximos accesibles. Discurre como un esbelto e
interminable dragón desde el mar Amarillo a través de cinco
provincias y dos regiones autónomas hasta entrar en el
desierto del Gobi. La espectacularidad de una obra que se
empezó a construir en el siglo V antes de Cristo y que no se
concluyó hasta el año 220 de nuestra era se pone de
manifiesto en su parte más alta. Cerca de la Gran Muralla se
encuentra el valle donde se ubican las Tumbas de los
emperadores Ming.
Xian, el descanso de los Guerreros
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| La Perla de Oriente (Sanghai) |
En el centro del país, Xian se encuentra a una distancia
similar en avión a la que existe de Madrid a Bruselas, unas
dos horas. Su nombre es reconocido mundialmente por su Museo
de Terracota y Corceles de Bronce, a unos 15 kilómetros del
centro del casco urbano y en el que se emplazan las míticas
figuras de terracota de la dinastía Qin, conocidas como los
Guerreros de Xian. La mayor de las tres fosas abiertas al
público muestra unos 2.000 guerreros, cada uno con su
expresión y vestimenta propia y cuyas alturas oscilan entre
1,75 y 1,95 metros; miles de artesanos dejaron su vida en lo
que hoy es una de las Maravillas de la Humanidad. Se calcula
que hay unos 8.000 guerreros protegiendo la tumba de un
emperador Qin cuyo nombre ha caído en el olvido. Los corceles
que los acompañan son de tamaño natural. La visita se cierra
con un recorrido por la tienda oficial, en la que se ofrece
como reclamo la dedicatoria de los libros por uno de los
agricultores que descubrieron las fosas hace ya 30 años.
También es recomendable una visita a La Pagoda de la Oca
Salvaje; el centro de la ciudad, con los hermosos templos del
Tambor y de la Campana y justo al lado de la bien conservada
muralla antigua; y el Barrio Musulmán, con una silenciosa
Mezquita, a la que se accede por un bullicioso mercadillo.
Hong Kong, la 'China occidental'
La mejor manera de comenzar a descubrir la occidentalizada
ex colonia británica, cuya traducción sería Puerto
Perfumado, es acceder en ferry desde la
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El país de las imitaciones
China es el país de las imitaciones de todo tipo.
Prácticamente todo objeto, ropa o aparato de interés
para un occidental tiene su imitación a un precio
ridículo. En el Mercado de la Seda de Beijing o en el
de las Imitaciones de Shanghai es posible comprar los
polos o camisas de las marcas más conocidas por
apenas 4 euros, mientras las 'buenas' copias de los
relojes Rolex oscilan entre 15 y 20 euros y los bolsos
de firma no sobrepasan los 10 euros. Todo ello, por
supuesto, tras un mareante regateo que debe concluir
casi siempre con un coste no superior a la décima
parte de lo inicialmente solicitado.
También se pueden encontrar perlas de buena calidad y
precio en Beijing (especialmente en las fábricas),
aparatos electrónicos con total garantía en Hong
Kong, y excelente seda en Shanghai, por ejemplo, en la
cadena de tiendas 'El rey de la seda'.
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antigua Canton (hoy Guangzhou). Los bosques de
rascacielos que de repente rompen el paisaje rural chino
impactan al instante en la retina del viajero.
Ya en el puerto, se constata la magnitud de Hong Kong
(volvió a manos chinas en 1997 y mantendrá su carácter
autónomo hasta el año 2047) por el panorama de los
múltiples edificios que configuran el denominado Distrito
Central, en los que se refleja un imprescindible espectáculo
de luz por las noches y que conforman uno de los centros
financieros internacionales más importantes de todo el mundo.
Un recorrido entre las torres (la más alta con 88 plantas, a
la que se accede a través de 60 ascensores), con un descanso
en algunas de sus calles plagadas de cervecerías y pubs,
todos repletos de ejecutivos, resultan obligados y casi
necesarios.
Conectada por varios túneles con el Distrito Central, la
península de Kowloon (Nueve Dragones) alberga buena parte de
los hoteles y una de las calles comerciales más largas y
conocidas: Nathan Road, espectacular a la caída de la noche
con sus millares de letreros luminosos.
Posiblemente la mejor vista de Hong Kong se encuentra en el
Pico Victoria. Desde allí se accede fácilmente a Aberdeen,
famosa por su bullicioso puerto repleto de barcas de pesca,
casas flotantes y pequeños sampanes, además de algunos
restaurantes flotantes, entre ellos el famoso Jumbo. Y a sólo
dos horas de navegación en ferry se encuentra la ex colonia
portuguesa de Macao, cuyas tranquilas calles bien merecen una
visita que se puede completar con la degustación de arroz con
bacalao y una posterior mirada a sus concurridos casinos.
Con 17 millones de habitantes, Shanghai se configura como
la punta de lanza del desarrollo
chino; no en vano se jacta de contar con el cuarto
edificio en altura del mundo (la torre Jinmao, que alberga el
Hotel Hyatt) y ser el puerto comercial más importante del
país. Su apertura se constata además en la generalización
del inglés, patente, por ejemplo, en su metro, cuyas
estaciones e indicadores combinan este idioma con el
mandarín.
En Shanghai no pueden dejar de contemplarse el
impresionante puente colgante Nanpu; el Templo del Buda de
Jade, cuya estatua tallada en una sola pieza de jade
blanquiverde fue traída de Birmania por un monje; y el
Jardín Yuyuan, curioso remanso de paz pese a estar situado en
el bullicioso barrio antiguo de la ciudad. Tampoco el
espectáculo de luz de los edificios situados junto a la torre
de televisión conocida como 'La Perla de Oriente', a la que
hay que acercarse en el modernista tren que cruza por debajo
del río Huansgpu Jiang.
Guía práctica
| Cuándo
viajar |
| En la mayor parte del país las temperaturas son
moderadas. Las mejores épocas para viajar son primavera
y otoño. Desde mayo hasta septiembre es la época de
los tifones en el sur. |
| Cómo
llegar |
| Es necesario disponer de pasaporte en vigor y visado,
que se puede obtener directamente en el Consulado
General en Barcelona (Avda. Tibidabo, 34. Tel: 93 254 11
96. Fax: 93 417 38 33) o en la Sección Consular de la
Embajada en Madrid (Avda. Champagnat, 11. Tel: 91 721 62
81/83. Fax: 91 721 62 80); también los gestionan las
agencias si se trata de un viaje organizado. Desde mayo
hay vuelos directos a Pekín (10 horas y media desde
Madrid) y Shanghai (13 horas). Los precios, dependiendo
de las ofertas, sobrepasan ligeramente los 1.000 euros. |
| Dónde
dormir |
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Lo más recomendable es alojarse en hoteles de 4 ó 5
estrellas. En las grandes ciudades, lo aconsejable es
que estén bien situados para tener unos desplazamientos
no excesivamente largos a los lugares de visita más
habituales. En Pekín: el Presidential Plaza Beijing, en
la zona oeste, en el área de negocios, que cuenta con
565 habitaciones todas bien equipadas, además de varios
restaurantes, una piscina interior y un fitness center.
En Hong Kong: se puede optar entre el más funcional New
World Renaissance Hotel, de cuatro estrellas, y el
lujoso Hotel Península, donde se suelen alojar los más
famosos personajes. En Shanghai, se recomienda el Hua
Ting Hotel & Towers, de cinco estrellas, bien
situado y comunicado con el resto de la ciudad con una
parada de metro a la puerta; de reciente construcción.
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| Moneda |
| La moneda nacional es el Yuan. 1€ = 9-10 yuanes. Se
puede cambiar fácilmente en los hoteles. |
| Direcciones
de interés |
- Embajada de España en Pekín y Oficina Española
de Turismo: 9 Sanlitun Lu 100600 Pekín Tel.:
65323629
- Oficina Nacional de Turismo de China en España:
Gran Vía, 88 - Planta 16. Madrid. Tel.: 91 548 00
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- Información en Internet:
www.embajadachina.es
- www.china.com.cn
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