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La isla de la nostalgia
"La tierra más hermosa que
ojos humanos hayan visto"
Cristóbal Colón quedó impresionado al
contemplar por vez primera las tierras que hoy se llaman Cuba,
y que el navegante denominó Juana en homenaje a la
heredera de la Corona española. Desde aquel 28 de octubre
de 1492 hasta hoy, la isla más grande del Caribe ha
guardado todo su atractivo y lo ha ido moldeando con las manos
arcillosas de la historia, que han hecho de Cuba una escultura
picoteada por el basto cincel de sus gobiernos, pero cuyo
pueblo la mantiene orgullosamente en pie y siempre mirando
al frente.
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| Playa de Santa Lucía |
Al margen de maniqueísmos políticos, Cuba conserva
intacto su gran tesoro, los cubanos, empeñados en mostrar
al mundo que la alegría es casi una cuestión
de estado. Y que las dificultades, más que ajar los
rostros, pulen su alma, de la que brota el recurso inefable
de reírse de la vida, de convertirla en una celebración
permanente.
La Habana es la esencia de Cuba, la ciudad donde confluyen
el ayer y hoy de la isla, su glorioso pasado y un presente
lleno de incógnitas, que en la cara de los habaneros
es una alegría perpetua. La capital sigue siendo el
destino soñado por viajeros de todo el mundo, una espectacular
urbe donde se dan la mano la nostalgia, el misterio y el calor
de sus habitantes.
Sus cinco siglos de historia bien podrían ser el perfecto
reclamo para los turistas más exigentes, pero La Habana
es mucho más que su pasado colonial. El hecho de que
no haya ninguna otra ciudad americana que guarde con tanta
fidelidad los vestigios de la influencia de su antigua metrópoli
es sólo un detalle más en el amplio abanico
de ofertas de esta ciudad en permanente reinvención.
La Habana es Cuba, y Cuba, por muchos años de revolución
que lleve a sus espaldas, no es más que la expresión
de una forma distinta de vivir, la de los cubanos, acostumbrados
a las contrariedades que encajan con el mejor humor y que
todo lo convierten en motivo de celebración.
Desde que se pisa por primera vez el Aeropuerto José
Martí, la sensación de estar en un país
distinto embarga todos los sentidos. Esa percepción
se repite sin remedio al dar los primeros pasos por La Habana,
donde admirar cada detalle, cada rincón y cada edificio
es un regalo en estos tiempos de acelerada modernidad. Lo
mismo ocurre con su gente, orgullosa y llena de dignidad pese
a las dificultades, y siempre amable y hospitalaria con los
visitantes, especialmente con los españoles.
Es una ciudad que merece ser visitada sin prisa, con los
ojos bien abiertos y con el corazón agarrado en el
puño, para no dejarlo detrás de cualquier esquina
de La Habana Vieja, declarada Patrimonio de la Humanidad en
1982. O del Malecón, donde las parejas de enamorados
siguen paseando de la mano para crear una de las estampas
más bellas que se pueden ver en cualquier ciudad del
mundo, con el océano rompiendo sus olas a un lado y
los eternos edificios de color pastel, muchos de ellos derruidos,
al otro.
El cañonazo
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| El Morro |
También al anochecer, visitar la Fortaleza de San
Carlos de la Cabaña ofrece la posibilidad de contemplar
la ciudad desde el otro lado de la bahía, para gozar
de una impresionante vista en esas horas en las que se mezclan
las últimas luces del día con los primeros resplandores
de las farolas. La fortaleza fue construida por orden de Carlos
III para reforzar las defensas de la ciudad, que la Corona
española perdió ante los ingleses en 1766. Tras
recuperarla al cambiarla por la Florida, se erigió
este nuevo bastión, donde se reproduce cada día
a la misma hora, las nueve de la noche, una sencilla pero
atractiva ceremonia. Conocida como el cañonazo, trae
al recuerdo el disparo de salva de artillería que cada
noche se producía para avisar de que estaban a punto
de cerrar las puertas de la fortificación. Lo mejor
es ir con antelación (la ceremonia empieza a las ocho
y media) ante la gran multitud que se congrega en la fortaleza
para ver el espectáculo, interpretado por 'soldados'
vestidos como lo hacían las tropas de antaño.
La de San Carlos no es la única fortaleza de la ciudad,
que necesitó de este tipo de construcciones para defenderse
de los ataques invasores. Al otro lado de la bahía
se levanta el Castillo de los Tres Reyes Magos del Morro,
conocido coloquialmente por la última palabra de su
nombre por asomarse al mar como si fuera a darle un bocado.
En el extremo occidental está el Castillo de Santa
Dorotea de la Luna de la Chorrera, o el 'Chorro', donde antiguamente
iban los habaneros a por agua, y de ahí le viene el
nombre.
Estas construcciones y todas las que inundan la ciudad hacen
de La Habana la ciudad nostálgica, que sobrecoge con
su romanticismo eterno, con su resistencia estoica al paso
del tiempo, que parece haberse detenido en unas décadas
atrás. Ésta es La Habana que hay que conocer
antes de que desaparezca y pierda su esencia intemporal, antes
de que nuevos vientos lleven a la isla una apertura a la democracia
que, seguro, la cambiará.
Un poco de historia
La ciudad fue fundada bajo el nombre de San Cristóbal
de La Habana en 1514 y ubicada en la costa sur de Cuba, hoy
zona pantanosa y apenas poblada. Pocos años después
se trasladó a los alrededores del río Almendares,
que hoy corresponderían a los barrios de Miramar y
Vedado. En 1519, la ciudad se estableció definitivamente
en la zona de la bahía (hoy conocida como La Habana
Vieja). Fue una de las siete ciudades fundadas por Diego Velázquez,
y su preeminencia sobre las otras seis llegó con la
conquista española de México y Perú,
por su ubicación estratégica en el Golfo de
México. Hoy viven en ella más de dos millones
de habitantes.
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| Torre Trinitaria |
Aunque bastaría un solo paseo por sus calles para
viajar hasta la isla, lo cierto es que La Habana tiene mucho
que ver. Empezando por su centro histórico, de imponentes
edificios coloniales y continuando por su catedral, de pequeña
factura pero de indudable belleza, La Habana Vieja parece
pensada para perderse por sus calles. Es el centro neurálgico
de la ciudad, plagado de bares y restaurantes, entre los que
destacan dos pequeños locales universalmente famosos
gracias a uno de sus más insignes clientes, Ernest
Hemingway. Uno es La Bodeguita del Medio, junto a la catedral,
donde el novelista americano saboreaba espléndidos
mojitos (todavía hoy deliciosos). El otro es el Floridita,
presidido por una escultura del escritor acodado sobre la
barra, que rememora sus numerosas visitas en busca del mejor
daiquiri de la ciudad. Ambas visitas son obligadas.
El monumento más representativo de la ciudad vieja
es el Capitolio, de gran parecido al de Washington pero más
rico en matices. Su construcción fue iniciada en 1929,
y en ella intervinieron más de 5.000 trabajadores.
Hoy alberga la Academia Cubana de Ciencias y la Biblioteca
Nacional de Ciencia y Tecnología. Entre el Capitolio
y la catedral, las calles de La Habana están llenas
de palacios, museos e iglesias, pero sobre todo de vida en
estado puro. La que le dan sus habitantes, que convierten
sus 720 kilómetros cuadrados en una urbe de espíritu
aldeano, de apacible y cordial cotidianeidad.
Mucho se puede ver en La Habana, pero también mucho
se puede hacer. Por ejemplo, esperar a que caiga la noche
para acudir a los locales donde la música en directo
hace olvidar los rigores del día. O para mojar la garganta
con un buen ron local, fluido mágico para los cubanos,
o saborear un buen puro habano, elaborado a la manera tradicional
en la vecina provincia de Pinar del Río, considerada
tierra fecunda del mejor tabaco del mundo.
El alma de Cuba
Pero para conocer La Habana no basta con admirar lo construido.
Es necesario adentrarse en su alma a través de sus
habitantes, algo sencillo con sólo pasear por esas
calles bulliciosas y alegres, donde se expresa en cada detalle
una forma de sentir la vida que sólo se da en esta
isla. El tópico del son cubano, el ron y el puro habano
se queda en una mota de polvo al comprobar que La Habana es,
ante todo, la máxima expresión de un pueblo
que sonríe ante sus adversidades. Que se siente cubano
por encima de todo, y que guarda como un tesoro su hecho diferencial,
sin entrar en cuestiones políticas. Su forma de superar
el severo día a día es la mejor muestra de ello.
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en las fotos para ampliarlas |
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Capitolio
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La
Bodeguita del Medio
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Plaza
de la Catedral
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Vista
del Malecón
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Holguín
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La música es una parte fundamental del ser cubano.
En la ciudad hay muchos locales donde se puede escuchar música
en directo. Quien quiera escuchar el verdadero son cubano,
puede hacerlo en la Casa de la Trova. La oferta se completa
con locales específicos de jazz, música clásica
o discotecas, donde la mezcolanza musical es de lo más
variado, o acudiendo a un espectáculo en Tropicana.
Otro modo de adentrarse en la forma de ser cubana es a través
de su gastronomía. Para hacerlo, lo mejor es buscar
los paladares más recomendables de la ciudad, donde
se puede comer por precios razonables una amplia oferta de
platos típicos de la isla. Aunque algunos tienen un
poco inflados sus precios, sobre todo los aledaños
a la plaza de la catedral en Centro Habana y el Vedado, los
hay que guardan una suficiente relación entre la calidad
y el precio.
El Malecón
La principal arteria para recorrer la ciudad de una punta
a otra es el Malecón, de ocho kilómetros de
longitud. Es el gran símbolo de la ciudad, y une la
parte vieja con los barrios residenciales del Vedado y Miramar.
Entre ambos extremos, se extienden centenares de manzanas
con todos los matices de esta ciudad: hoteles modernos, edificios
desconchados, paladares donde comer tranquilo la comida tradicional
cubana, casas señoriales, palacetes y calles que surcan
los característicos coches americanos de los años
40 y 50 que los cubanos saben conservar con los pocos recursos
que tienen.
Otra de las principales vías, que une el Vedado con
el Malecón, es la Calle 23, que antes de desembocar
en la orilla del mar deja a su derecha el Cementerio de Colón,
el camposanto más importante de Cuba. Allí están
enterradas muchas de las personas que han escrito la historia
de la isla, en espectaculares tumbas que se suceden entre
las aceras numeradas. En esta necrópolis está
la mayor colección de estatuas y esculturas de mármol
del país.
Un capítulo importante en la visita de la capital
cubana lo constituyen los monumentos dedicados a la revolución,
dirigida por Fidel Castro en 1959, y a los prohombres de la
independencia cubana. El monumento a José Martí
y la Plaza de la Revolución (lugar donde se han producido
grandes concentraciones políticas en los últimos
50 años) son los más significativos.
La isla
Las mañanas son perfectas para planear alguna excursión,
por si la monumentalidad de La Habana a alguien le sabe a
poco. Una de ellas tiene como destino la provincia de Pinar
del Río, donde el paisaje cubano se expresa en todo
su esplendor. Allí se puede llegar por la autopista
que atraviesa la isla y visitar algunas de las fábricas
de los puros más famosos del mundo. Pero Pinar del
Río es mucho más que el tabaco. Para descubrirlo,
basta con visitar la cercana localidad de Viñales,
de apenas 5.000 habitantes, rodeada de los característicos
mogotes (montículos aislados de forma cónica),
cuyas tierras están surcadas por espectaculares cuevas.
Una de ellas es la Gran Caverna de Santo Tomás, donde
el más exigente de los espeleólogos o el mero
visitante curioso encontrará respuesta a sus peticiones.
Quien quiera descansar y disfrutar de tranquilas y larguísimas
playas no tendrá que irse hasta Varadero, con sus grandes
complejos hoteleros de indudable comodidad. Basta con salir
de La Habana hacia la punta oriental de la isla y llegar a
Playas del Este, una sucesión de playas de 18 kilómetros
de arena blanca y agua transparente. Existen confortables
hoteles a lo largo de esta costa, donde el descanso es el
verdadero protagonista.
Varadero y Santiago de Cuba
En la finísima península de Hicacos, en la
provincia de Matanzas, se encuentra el mayor complejo hotelero
del Caribe, Varadero. Es el destino ideal del turismo de sol
y playa, con 20 kilómetros costeros de arena blanca
y aguas turquesas. Allí, los turistas hallarán
todas las comodidades de los mejores hoteles, donde despreocuparse
de todo. Eso sí, Varadero, nombre de uno de los grandes
rones cubanos, es como un paréntesis en la Cuba actual,
una ilusión del porvenir que esperan ansiosos las habitantes
de la isla.
Aunque en la zona había un hotel desde 1872, no fue
hasta la llegada del millonario estadounidense Dupont de Nemours,
quien creó una mansión, un campo de golf, un
aeródromo y un puerto deportivo en 1930, cuando Varadero
empezó a apuntar como un destino privilegiado para
el descanso placentero. En la década de 1970 comenzó
a llenarse de hoteles, hasta llegar a la situación
actual: en sus lujosos establecimientos recala uno de cada
tres turistas que visitan la isla.
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| Playa de Holguín |
Casi en el extremo oriental de Cuba, junto a la provincia
de Guantánamo, se halla una de sus ciudades más
hermosas, Santiago de Cuba. Fue fundada por Diego Velázquez
en 1514, y en su bahía sucumbió la flota española
en la guerra de 1898 contra EEUU. Gracias a la celebración
en 1991 del IV Congreso del Partido Comunista de Cuba, su
capital sufrió un lavado de cara que le quitó
las legañas del olvido de décadas pasadas. Hoy
es la segunda ciudad de la isla, con casi medio millón
de habitantes. Y entre sus múltiples encantos, uno
de obligado disfrute: contemplar el horizonte desde lo alto
de la Gran Piedra. Y el Museo del Ron, la Casa de Diego Velázquez
(fundador de las siete primitivas villas cubanas, 23 años
después de la llegada de Colón en 1492) y la
catedral de Nuestra Señora de la Asunción. Allí
se hallan los palacios y museos más antiguos de la
isla.
Su provincia, en la que destaca el Gran Parque Nacional de
Sierra Maestra, ofrece paisajes, caminos y vistas verdaderamente
embriagadoras. Como el tramo de carretera más pintoresco
de la isla, el que transcurre entre Santiago de Cuba y Marea
del Portillo.
Guía práctica
| Cuándo
viajar |
| Durante todo el año hace buen tiempo en la isla,
pero los mejores meses para visitarla son los comprendidos
entre noviembre y abril, cuando las temperaturas son más
moderadas. |
| Cómo
llegar |
| Para viajar a Cuba es necesario disponer de pasaporte
en vigor y de visado, que se puede obtener en las oficinas
consulares del país o en agencias de viajes, si
se trata de un viaje organizado. Hasta la isla vuelan
varias compañías aéreas extranjeras
y Cubana de Aviación, además de Iberia y
Spanair, que tienen vuelos directos a La Habana. Lo más
costoso del viaje es el billete de avión, cuyo
precio se reduce en determinadas fechas y comprándolo
con antelación. |
| Dónde
dormir |
| Muchos visitantes prefieren alojarse en casas de huéspedes
para buscar un poco de autenticidad en el viaje a la isla.
Aun así, la oferta hotelera es para todos los bolsillos.
Entre los de cinco estrellas, destacan los siguientes:
El famoso Hotel Habana Libre, inaugurado en 1958, cuenta
con 574 habitaciones y con todas las comodidades y tres
restaurantes. El Meliá Cohiba, también de
cinco y perteneciente a la Cadena Sol Meliá, cuenta
con piscina, gimnasio, sauna, centro comercial, salón
de conferencias, galería de arte, bares y restaurantes.
Se encuentra a la cabeza de la oferta hotelera de La Habana.
El Hotel Riviera es uno de los hoteles con más
personalidad de la ciudad. Algunas habitaciones tienen
buenas vistas al mar. En su interior, además de
otros servicios, se encuentra el Palacio de la Salsa.
El Santa Isabel es considerado uno de los mejores de la
capital. Tan sólo dispone de 17 habitaciones. Y,
por supuesto, el Hotel Nacional, uno de los más
importantes y característicos de Cuba. |
| Qué
comer |
| Es el punto débil de la isla. Al igual que ocurre
con el alojamiento, una posibilidad para acercarse a la
gastronomía cubana es comer en los famosos paladares,
gestionados por particulares. En ellos no está
permitido servir a más de 12 comensales a la vez.
Su oferta se basa en la carne de cerdo, el pollo y el
pescado. Algunos tienen el precio un poco por encima del
resto, casi siempre por su privilegiada ubicación.
Otros, en cambio, mantienen una razonable relación
calidad/precio. Los restaurantes de los grandes hoteles
de la ciudad suelen ser un seguro, aunque con diferencias.
En todos ellos se pueden degustar 'moros y cristianos'
(arroz con frijoles), la típica ropa vieja o los
platos populares. |
| Moneda |
| La moneda nacional es el peso cubano. Al sacar en los
cajeros automáticos, éstos expedirán
pesos convertibles, cuyo valor es igual al del dólar,
y que hay que gastar antes de salir de la isla, pues sólo
es válido en Cuba. Quien sólo se mueva por
los complejos turísticos, comprobará que
Cuba no es un país especialmente barato. |
| Direcciones
de interés |
- Embajada de Cuba en España: Paseo de La
Habana 194, Madrid, 28036 (91 359 25 00). La embajada
cuenta con consulados en Madrid, Barcelona, Las Palmas
de Gran Canaria, Santiago de Compostela y Sevilla.
www.ecubamad.com
- Oficina de Información Turística de
Cuba: Paseo de La Habana 54 (91 411 30 97).
E-mail: otcuba@otcubaesp.com
- Portal de Turismo de Cuba: www.cubatravel.cu
- Directorio Turístico: www.dtcuba.cu
- Información Turística: www.gocuba.cu
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