Hay países que merecen, como los ríos, una vuelta continua. Lo escribía Luis Pancorbo de otro lugar, pero no deja de ser un pretexto, un símbolo para conocer Jamaica en lugar de la trampa, de anhelar en vez de disfrutar. Si Errol Flynn levantara la cabeza, a lo mejor no se espantaría con los escasos quebrantos que se han hecho en la isla de sus correrías. El mito de playa caribeña y sol que venden los folletos turísticos es cierto, pero hay que añadir esa visión cinematográfica que ofrece en la distancia.

Guillermo Piernavieja

Por esos caprichos que tiene el marketing, Jamaica no es tan visitada como otras Antillas mayores, caso de Cuba, Puerto Rico y República Dominicana, a no ser por los inefables turistas estadounidenses, que prácticamente vienen a beber alcohol, los británicos, que se siguen aprovechando de la isla, y ya gente de otras tierras, como holandeses, franceses y españoles. Nosotros salimos del hotel para conocer el interior de la isla, sí nos molestamos en charlar con los jamaicanos -ellos, porque ellas son un poco ariscas-, aunque después de reiterarles que no queremos 'business': ni marihuana, ni langosta ni un dólar por foto.

Qué le vamos a hacer, la hemos descubierto tarde. Las estrellas de Hollywood nos llevan medio siglo de ventaja: Errol Flynn, que compró una isla cerca de Port Antonio, Bette Davis, o escritores como Hemingway, Greene o Ian Flemming. Es cierto que aquí Flemming creó a James Bond y, claro, fue escenario para 'Goldeneye,' y otras muchas: '20.000 leguas de viaje submarino', 'Cocktail', 'El lago azul' y hace poco 'Piratas del Caribe'. Más conocidos: en los últimos meses el matrimonio Clinton ha pasado unas vacaciones y estudia comprar terrenos para construir; también han descansado Bill Gates, Emma Thompson…

Podríamos llamarla la isla del millón de fotos porque si alguna vez lográramos hacer tantas seguro que serían pocas. Desde luego aquí no se ven estatuas de próceres ni de niños con los cojoncillos al aire, pero Jamaica regala fotos de todo: una sonrisa, una casa de madera en la que sólo cabe un colchón, el atardecer más rojo, un arbusto de marihuana, auténticos rastafaris y otros adaptados al objetivo del turista, y playas y agua, las de las postales. Lo experimentó Errol Flynn en 1946: atracó su yate en Port Antonio y se quedó, construyó una mansión que hoy es hotel y disfrutó hasta su muerte.

Costa sur

Colón bautizó a Jamaica como isla de Santiago en 1494. No le acabó de gustar. No ha quedado el aire colonial de San Juan o Santo Domingo ni tiene la arquitectura natural de islas aún más vírgenes y, sin embargo, envuelve por el bronceado amargo de realismo. Primero por los españoles y durante demasiado tiempo por los ingleses, la historia de Jamaica se ha trazado muchas veces con sangre. No queda ni un descendiente de los arawaks, los indígenas que la poblaban cuando llegó Colón, ahora son hijos de aquellos esclavos cimarrones que huyeron al interior para eludir a los ingleses, allá por el siglo XVII, mezclados con emigrantes de todo el mundo. Aquellos indios la llamaban Xaymaca.

También se ha derramado sangre de piratas, de los auténticos, por supuesto, de nuestra imaginación juvenil y cinematográfica. La isla de la Tortuga, allá por Haití, y aquí Port Royal son lugares míticos para amantes de historias truculentas a medio camino entre la leyenda y la desgracia. Port Royal era entonces el agitado puerto del XVII en el que los piratas hacían escala para hartarse de ron, de mujeres y de reír, hasta que un infernal terremoto acabó con todo y con todos. Ahora no es más que un pequeño puerto pesquero del sur de la isla, no muy lejos de Kingston, en el que sus habitantes apenas tienen constancia de ese pasado. Nadie recuerda al pirata Henry Morgan.

También están cerca de Kingston las Blue Mountains, donde se encuentra la altitud máxima de la isla (2.256 metros). En sus interminables laderas se produce el mejor café y más caro del mundo. Es aconsejable la subida a las Blue Mountains para los que estén en mejor forma para andar y los que no sufran hemorroides y mareos en autobús, porque tras un largo tiempo por carretera de montaña luego toca una caminata que, eso sí, tiene premio gordo para la vista.

Si alguien siente curiosidad puede acercarse a Kingston, la movida capital, aunque no es recomendable en ningún aspecto, sólo para el que quiera ver cómo se vive en la única gran ciudad de la isla. Y sólo para conocer algún museo de arte jamaicano y el de Bob Marley, con gran parte de sus recuerdos pero demasiado artificioso. Jamaica, quede claro, tiene uno de los índices de criminalidad más altos del mundo, pero afecta casi en su totalidad a Kingston y sus suburbios. Prohibido en la capital salir de noche a ciertos suburbios porque ser blanco equivale a tener dinero o ser de utilidad.

La nueva primera ministra es Portia Simpson Miller, la única mujer que ha accedido al cargo en la historia jamaicana. Según cuentan, tiene muchos proyectos y magníficas intenciones para lograr el desarrollo de la isla y de la calidad de vida, pero los recursos económicos vuelven a obstaculizar los avances. La tierra es rica y los habitantes pobres, y eso es muy difícil de cambiar. Kingston escupe esa pobreza pero es donde mejor se expresa el estilo de vida jamaicano, además de las aldeas de las montañas y los pequeños pueblos pesqueros, como Lucea, muy cerca de Negril.

Se puede visitar también, al oeste de Kingston, Spanish Town, la que fuera capital de Jamaica hasta el siglo XIX, que conserva edificios de la época colonial y una hermosa catedral.

Montego Bay y Negril

Montego Bay es el tradicional, el destino de toda la vida para los turistas estadounidenses y británicos. Es grande, popular, ruidoso, explosivo, pero tiene playas muy cuidadas y extensas, especialmente la de Doctor's Cave. Cuenta con una gran concentración de restaurantes, hoteles, bares y tiendas. A pocos kilómetros de Montego Bay se extienden los campos de golf -uno de los mejores es Tryall, al borde del mar- y las villas, mansiones y hoteles más lujosos, de más de 1.000 dólares por día. Los guías nos contarán, no sin adorno de misterio, que en la mansión Rose Hall su propietaria, Annie Palmer, asesinó a sus tres maridos con ayuda de sus amantes -coleccionó bastantes- y acabó a su vez trágicamente, así que tranquilamente se pasea aún su fantasma por entre antigüedades y estancias.

El nombre de Montego Bay proviene de 'Bahia de Mantega', derivado de manteca -de cerdo- por ser uno de los productos principales, aunque cuando llegó Colón lo denominó 'Bahía del Buen Tiempo'. Con los siglos se convirtió en centro de operaciones para los ingleses por el negocio de la caña de azúcar y minerales.

En contraste con Montego Bay, Negril no es tan grande y conserva casas de madera que quedan en nada al mirarse con grandes complejos turísticos de todo incluido que surgen en los últimos años. Ha visto crecer sus fronteras pero en extensión, el idilio que mantuvieron grupos de hippies en los setenta pervive porque la artesanía y el Caribe siguen aquí. La playa más fotografiada en Negril es Long Bay, y un poco más al norte hay playas sólo para nudistas.

La mayor parte de los hoteles de Negril tienen acotadas las playas para solaz de sus huéspedes, pero saliendo de los límites existen playas públicas donde los jamaicanos ofrecen al viajero langostas recién pescadas, caracolas de recuerdo, marihuana o ganja, collares y pulseras, tallas de madera y hasta hacen trenzas y rastas. Todo eso entre la playa y los bosques tropicales que se dejan caer al mar. Por ley, ningún hotel puede ser más alto que las palmeras, así que las construcciones más elevadas no superan los tres pisos.

A escasos kilómetros de Negril, muy cerca del faro, se encuentra el Rick's Café, quizá el más popular de la isla, porque a las seis en punto de la tarde se produce un crepúsculo pintado para enamorados y fotógrafos. Mientras se pone el sol, grupos de jóvenes jamaicanos se lanzan al agua desde un acantilado de casi 30 metros para que los turistas les den algún dólar. Como suele pasar, son los estadounidenses los que pagan encantados para que se jueguen la vida unos chavales a cambio un billete.

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Ocho Ríos y Port Antonio

Justo al norte de la isla, Ocho Ríos -bautizado por los españoles- está particularmente bien situado para realizar excursiones; una de ellas a las Dunn River's Falls, cascadas que pueden remontarse sin excesiva dificultad, y a Fern Gully, un espectacular bosque de helechos. El litoral de Ocho Ríos es el mejor para hacer submarinismo, con los mejores fondos coralinos de la isla.

Hacia el sur de Ocho Ríos es donde se supone que están los campos de marihuana. Nadie los ve porque los 'granjeros' de marihuana o ganja no dejan que nadie, ni por remota casualidad, se acerque a husmear. Ni la policía.

Port Antonio, más lejos de los aeropuertos, es la menos visitada de entre las localidades más conocidas. Pero es llamativa porque no muy lejos se conservan aldeas casi al margen de la evolución, calas y puertos fáciles de recorrer en canoas de bambú y pequeños hoteles, algunos de lujo, que recuerdan que hace muchos años Port Antonio fue reducto para millonarios. El poeta Ella Wilcox se inspiró aquí, cerca de Blue Lagoon, las aguas más turquesas de Jamaica donde se rodó el pastel de película de la adolescente Brooke Shields. Huéspedes ilustres los ha habido a patadas: Rudyard Kipling, Randolph Hearst… y mujeres, porque a Errol Flynn se le ocurrió pasearlas en balsas de bambú para contarles cosas al oído; hoy, esa práctica ha pasado a ser un negocio en la zona.

El mausoleo de Bob

El mausoleo de Bob Marley se puede visitar, aunque es especialmente recomendado para sus seguidores porque se encuentra en plena montaña, a unas tres horas de autobús desde Negril y dos desde Montego Bay. No son muchos los curiosos que se adentran en la montaña para visitar la casa y sólo un pequeño cartel, ya casi borrado, señala dónde se encuentra en Nueve Millas.

Se visita la casa donde nació el cantante y pasó parte de su infancia y a la que volvió años después para estar con su abuela. Un guía rastafari la enseña -si tenemos buena suerte será uno que se llama Crazy, que entre porro y porro cuenta toda la historia del cantante-. Aquí está la que llaman 'piedra de la inspiración', en la que Marley se sentaba para meditar, fumar marihuana, componer y tocar su guitarra, una piedra plana de unos quince centímetros de altura que le permitía contemplar montañas e inmensos valles de bosque tropical, la naturaleza que tanto le inspiró.

No dispone de grandes lujos porque Marley era un tipo tranquilo que gozaba con cosas íntimas más que opulencia, que tampoco tuvo, por cierto. Una pequeña habitación le bastaba para relajarse fumando marihuana y tener ocasionales encuentros con amantes que le dieron cuatro hijos reconocidos al margen del matrimonio con otras tantas mujeres, más los que se le intuyen. Cuando se refugiaba en la montaña "era un hombre muy ocupado", cuenta Crazy con los ojos vidriosos.

En todas partes de la casa está permitido fumar y hacer fotos, salvo en la minúscula estancia donde está enterrado, a la que sólo se puede entrar descalzo por respeto. Marley quiso que lo enterraran de pie y mandó construir un mausoleo con capacidad para dos cuerpos: el suyo y el de su madre. Ésta aún vive y sigue teniendo el carácter de la tía Tula, así que el hueco que iba a ser para ella lo ocupa un hermano de Bob, muerto hace varios años.

BOB MARLEY


El icono de Jamaica sigue vivo y produciendo dólares. Alguien que quiso ser enterrado de pie (como en su canción: "get up, stand up…") tenía que ser un tío interesante. Y ocupado: once hijos reconocidos con cinco mujeres distintas, más la larga lista de los que se le suponen.

Marley nació en Nueve Millas, en la montaña. Su padre era un marino británico del que nunca más se supo, y su madre tuvo que emigrar a un suburbio de Kingston cuando el pequeño Robert era un crío para huir de la pobreza. Años de conflictos en las duras calles a punto estuvieron de descarriarlo pero un guía rastafari, Mortimer Planner, le inculcó las creencias que bañaron su música y su muerte. Planner fue luego su manager y se quedó con bastantes de los dólares que el cantante ganaba con el ska y luego el reggae, con letras de esperanza y libertad y un ritmo dulce para el baile.

A principios de los setenta, de la mano de una discográfica británica, comenzó a vender como Dios manda y en su tercer disco ya aparece como 'Bob Marley & The Wailers', y lidera una banda conocida en todo el mundo. Amaba su Jamaica natal y vuelve en 1976 para dar un concierto con el que quería unir al pueblo, aunque todo salió mal y un grupo les disparó a él y a su mujer, sin mayores consecuencias. Lo mejor vendría al año siguiente con 'Exodus', el disco que lo situó de por vida en el pedestal de estrellas y por el que fue invitado a Etiopía por el nieto de Haile Selassie.

Decía que su muerte vino por sus creencias. Jugando al fútbol, su tercera pasión, se hizo una herida que nunca llegó a curarse bien. Con el tiempo degeneró en un cáncer y Marley, por su religión rastafari, no quiso operarse. Se suspendió la gira de 'Exodus' pero el cantante mejoró en los meses siguientes, sacó un nuevo disco y volvió a los escenarios y siguió con su vida hasta que en 1980 recayó en Estados Unidos, con el cáncer extendido por varias partes del cuerpo. Resistió hasta mayo de 1981.

Rastafaris y otras curiosidades

Marcus Garvey, hace casi un siglo, fundó un partido político con teorías curiosas. No se imaginaba que bastantes años más tarde sus seguidores adoptarían una religión o más bien un estilo de vida único. El etíope Ras Tafari fue coronado emperador con el nombre de Haile Selassie, al que se consideró un nuevo redentor para el mundo como Jesucristo o Mahoma, que llegó a crear un nuevo mundo en territorio de Etiopía para acoger a todos los esclavos repartidos por el mundo deseosos de volver a su origen. En Jamaica caló tan profundamente la intención de africanización que se convirtió en una forma de vida, con Bob Marley a la cabeza: no cepillarse el pelo, como hacían los primitivos guerreros etíopes, nuevas formas musicales y, por supuesto, fumar marihuana o ganja, como se llama en Jamaica, la hierba sagrada que permite entrar en contacto con Dios.

Kingston fue la ciudad donde desde los años cincuenta se concentró el mayor número de rastafaris, como vía de escape ante la miseria y el poder opresor de las autoridades blancas de la época, que prohibían con dureza la concentración de personas y fumar ganja. El reggae era la expresión musical que estallaría en éxito en los setenta con Marley, y Kingston pasó a ser la Meca para rastas.

Ser rastafari se ha convertido en una práctica tan extendida que en lo más profundo de la isla, en las aldeas donde las casas sólo sirven para dormir, se encuentran los rastas de primera clase, los que no comen carne ni se excitan ante la vida. Por eso, si alguien conduce por un camino de montaña puede sucederle que en una curva aparezca un tipo tumbado en el asfalto durmiendo; no se inmutará, la marihuana que lleva encima le hará sonreír y continuar su sueño.

Otra anécdota que puede ocurrir perfectamente es ir conduciendo por la noche en una carretera sin iluminar y estar a punto de atropellar a alguien que tranquilamente va caminando. Los jamaicanos son de piel muy oscura, y en esos casos sólo se distingue que hay una persona delante a la que vamos a atropellar porque justo en ese momento le da una calada a su enorme porro. Lo único que los jamaicanos hacen rápido es conducir, por eso todos dicen no problem, que se ha convertido en la frase del país.

Es la vida de Jamaica y prefiero acabar como empecé, con Pancorbo y su exactitud: "América es lo primero y lo último, donde lo indígena y el mañana se dan la mano con toda clase de añagazas, ilusiones y renuncios. Si uno no va a América con la idea de que todo es posible, es mejor quedarse en el cuarto menguante y oscuro, en la casa de las ideas hechas".

Guía práctica
Como llegar
Dos opciones: es recomendable volar con Iberia (902 400 500, www.iberia.com) a Miami y de ahí a Montego Bay, por precio y comodidad; la otra es contratar viajes que en España ofrecen varias mayoristas, que contratan vuelos charter a Montego Bay, como Mundicolor (www.mundicolor.es). En cualquier caso, es mejor volar hasta Montego Bay porque está mucho más cerca de los hoteles y para desplazarse por la isla.
Documentación y seguridad
Es imprescindible el pasaporte, y no es preciso visado si la estancia es inferior a 30 días ni vacunas. Un dato importante: hay que pagar una 'mordida' por salir del país, una tasa que asciende a 46 dólares americanos. Los complejos turísticos de la costa norte y oeste, como Negril, Montego Bay, Ocho Ríos y Port Antonio son seguros, tomando unas mínimas precauciones por la noche fuera de los complejos. Kingston, ni de lejos. Y en cuestión de seguridad que nadie se equivoque porque tanto el consumo como el tráfico de marihuana están muy perseguidos, aunque la ofrezcan por todas partes.
Datos prácticos
La moneda es el dólar jamaicano (1 € equivale a unos 83 dólares jamaicanos). El idioma oficial es el inglés, aunque los jamaicanos también hablan el dialecto local 'patois', al que también llaman jamaiquino.
Alojamiento
Desde pequeños hoteles rurales a mansiones sólo para millonarios que lo acrediten, la isla está salpicada de todo tipo de alojamientos. Para los españoles que quieren despreocuparse, lo mejor es la fórmula todo incluido que ofrece Riu (902 400 502, www.riu.com) en sus varios hoteles de Ocho Ríos y Negril. Otra posibilidad es Breezes Montego Bay (876 940 1150), en Doctor's Cave Beach.
Clima
Tropical en la costa, muy caluroso, y algo más templado en el interior. Hay que tener en cuenta que la época de lluvias se da entre los meses de mayo a junio y de septiembre a noviembre; son frecuentes los huracanes entre septiembre y noviembre.
Compras
Café, el mejor es de la marca Jablum. En el aeropuerto y en las tiendas regentadas por hindúes se encuentra más barato, y siempre observando que los paquetes lleven dos sellos de calidad. El cuarto de kilo cuesta unos 18 dólares; ron, marcas Appleton y Captain Morgan; máscaras y tallas de madera; pintura naïf; gorros con y sin rastas; camisetas; música, incluida de reggae; joyas y relojes a mejores precios que en Europa (Jamaica es paraíso fiscal) en ciertos centros comerciales; salsa Jerk. En la aduana se permite un máximo de dos kilos de café por persona y dos litros de alcohol.
Direcciones
La oficina de información turística de Jamaica en España está en Barcelona (93 414 02 10). Web oficial: www.visitjamaica.com

 

 
 

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