Ljubljana

La pequeña dama

Los polacos tienen un dicho: “Invitado en casa, Dios en casa”. Ese dicho resume la amabilidad de todo un pueblo, pero esa cualidad no es exclusiva de Polonia. Sólo es preciso recorrer Eslovenia para percibir ese carácter amable de unos ciudadanos tranquilos, que no necesitan caer en el paroxismo para transmitir su atractivo, inteligencia y pragmatismo. Y Ljubljana, la coqueta capital eslovena, es la exposición ecléctica de todo el pequeño país.

Río Ljubljanica

La amabilidad de los habitantes de Ljubljana se percibe en el saludo, en la caminata o en los cafés, en los que establecer una larga conversación con un parroquiano que hace un alto en el trabajo para saborear una taza de café –del muy fuerte– o una enorme jarra de cerveza, aunque apenas sean las ocho de la mañana, es tan habitual que debemos decidir frenar ese momento o no veremos nada más de la ciudad.

Casi el 60% del territorio esloveno está poblado por bosques de pinos, cedros, castaños y robles, con el tilo como árbol nacional. Toda la gama de verdes, más ocres, rojos y amarillos, salpican su orografía hasta el mismo borde de Ljubljana, la pequeña capital con sólo 300.000 habitantes. Pese a estar franqueada por interminables bosques, Ljubljana es prácticamente llana, donde lo extraño es que sus habitantes, tengan la edad que tengan, no recorran las calles en bicicleta por los carriles especiales que cruzan la ciudad. Incluso merecen tal respeto que suelen tener preferencia en cruces y semáforos ante vehículos que, por ventura para una capital tan bien trazada, no tienen acceso permitido por algunas zonas del centro, dejando así abierta la posibilidad al viajero de disfrutar de uno de los mayores placeres cuando se llega a un lugar privilegiado: pasear al tiempo que en la retina, o en la ya inefable cámara digital, se graba cada imagen, cada momento.

Una de las ventajas de Ljubljana es que en las últimas décadas no ha sido foco del turismo masivo, una injusticia para una capital de confortable belleza y a la vez un aliciente para descubrirla. De forma mal entendida, muchos posibles viajeros creyeron que Eslovenia participó en la Guerra de los Balcanes y lo excluyeron como destino, sin saber que en realidad los eslovenos dieron la espalda al conflicto muy hábilmente al no caer en motivaciones étnicas. Además, Ljubljana tiene a gala ser una de las capitales más seguras de Europa, con un bajísimo índice de criminalidad.

Una ciudad viva

La gran universidad en la que se concentran más de 50.000 estudiantes explica la gran animación de la ciudad, sobre todo por la noche, y no es raro ver a dos jóvenes jugar al ajedrez en plena calle. Fueron los jóvenes los que a principios de los noventa se negaron a participar en el conflicto que desmembraría la antigua Yugoslavia.

Ljubljana es el principal centro intelectual del país y para sus cultivados habitantes todos los días hay varios actos culturales, y es por excelencia lugar de convenciones y congresos.

Hay quien dice que Ljubljana es una ‘pequeña Praga’. Puede ser, pero desde luego el viajero descubre a ambas orillas del río Ljubljanica una arquitectura sumamente elegante, mezcla sabia de modernismo centroeuropeo con edificios clásicos. Todo es obra de Joze Plecnik, el famoso arquitecto local que se encargó del trazado ensortijado por plazas recoletas, callejones en los que se esconden agradables cafés y cervecerías, cuidadas tiendas y restaurantes –algunos excelentes–, y puentes que en varios tramos enlazan las dos orillas. En algunos edificios aún se pueden hallar visibles huellas de anteriores ocupantes, como los austro-húngaros y los italianos.

El clima benigno –salvo en el frío invierno en que el país se convierte en cambio en paraíso para esquiadores–, es otro factor que favorece la visita a Ljubljana en cualquier época. Además, al ser una capital relativamente pequeña, en poco tiempo se la llega a conocer bien.

A las seis de la mañana la ciudad está viva: los madrugadores eslovenos ya se han desayunado y recorren las calles a pie o en bicicletas, por lo que el viajero puede empezar su periplo por Ljubljana a primera hora en la margen izquierda del río, partiendo desde el Castillo que domina con elegancia desde el punto más elevado de la ciudad. Es visita obligada, aunque quizás lleva encima demasiadas restauraciones. A pocos pasos se encuentra la Iglesia Franciscana, exponente de su tradición mayoritaria cristiano- católica. Y no es la única: callejeando es fácil toparse con pequeñas iglesias medievales, que no distan de galerías de arte y edificios de influencia barroca. Y apuesta cautivadora es la Catedral de San Nicolás, de interior sereno, con alguna escultura ricamente labrada y exterior majestuoso y alguna que otra leyenda bajo sus muros, para seguir hasta el Ayuntamiento.

Mercado
Vendedora

En esa margen izquierda la vibrante actividad se centra también en sus numerosos puestos ambulantes que ofrecen de todo. Pero una recomendación que no debe esquivarse es el famoso mercado al aire libre, con centenares de puestos en los que las flores, muy amadas por los habitantes, se venden junto todo tipo de comida, ropa, juguetes, antigüedades, velas y motivos religiosos.

En pleno centro se pueden visitar el Museo Nacional, el de Arte Moderno o el de Historia Natural; varios teatros y la Ópera; o pasear por el parque Tívoli. En algunos museos y exposiciones cobran entrada, pero Ljubljana sigue siendo una ciudad barata en comparación con otras capitales europeas.

Cruzando a la otra orilla se llega a la sede del Gobierno y al Palacio de Justicia, y más allá a la Biblioteca Nacional y Universitaria –obra también de Joze Plecnik–, que en 1944 recibió el impacto directo de un avión italiano que se estrelló en ella tras sufrir una avería; murieron dos personas y ardieron 60.000 volúmenes.

Una vez recorrida la ciudad, al caer la tarde llega el tiempo de la diversión, de las animadas charlas en las terrazas cercanas al río con las jarras de cerveza helada delante, o de los exquisitos vinos en sus múltiples variedades locales.

Curiosidades de Ljubljana

Todos los lugareños viven ‘pegados’ al teléfono móvil, y se estima que más de la mitad de los habitantes de Ljubljana utiliza Internet (porcentaje mayor que en España).

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Dragón, símbolo de la ciudad
Bicicletas
Detalle Fachada
Mercado al aire libre
Edifício típico

El tradicional carácter alegre y hospitalario se atribuye a las benéficas aguas procedentes de fuentes naturales de las montañas.

Son generosos en la comida porque una de sus máximas es que un huésped jamás debe quedarse con hambre, por lo que los grandes comedores tenemos un paraíso en Ljubljana y en cualquier lugar de Eslovenia.

Una de las ventajas de Ljubljana es que su céntrica ubicación permite llegar a cualquier lugar del país en un máximo de dos horas, ya sea la costa (Koper o Portoroz) o las zonas montañosas y del interior (Maribor, Bled, Celje o Novo Mesto).

Guía práctica

Cómo llegar
No hay vuelos directos desde Madrid, pero desde las principales capitales centroeuropeas hay conexión directa a diario. Una opción recomendable es volar hasta Venecia y allí tomar el tren (35 €) hasta Ljubljana; el trayecto dura tres horas y media, pero merece la pena porque el paisaje desde el tren es insuperable al atravesar los Alpes Julianos. Y si no, el viaje en coche desde Venecia o Viena dura unas dos horas. Las autopistas y carreteras del interior están en buen estado. Una vez en Ljubljana, lo mejor es recorrer la ciudad a pie o en bicicleta, o en autobús para alejarse del centro. Eslovenia es uno de los países más pequeños de Europa. Limita con Italia, Hungría, Austria y Croacia. Ljubljana está casi en pleno centro del país.
Requisitos de entrada al país
Aunque desde hace dos años es miembro de la Unión Europea, aún se necesita el pasaporte para entrar al país porque no forma parte del Espacio Schengen. No hace falta visado. No hace falta ninguna vacuna ni recomendación específica para entrar.
Idioma
El esloveno es el idioma oficial, pero en Ljubljana casi toda la población habla inglés y, en diferente medida, serbocroata, italiano, húngaro y alemán.
Moneda
Tolar (1 € = 230 tolars). Es conveniente pagar en tolars, que se pueden adquirir fácilmente en hoteles y bancos, en el aeropuerto y en la estación de ferrocarril, además de las casas de cambio del centro de la ciudad. El euro tardará en convertirse en moneda oficial, pero en la práctica totalidad de comercios y hostelería es aceptado sin problemas. Se aceptan todas las tarjetas de crédito.
Dónde dormir
Grand Hotel Union (cuatro estrellas): Uno de los mejores y con mayor historia, ha acogido a numerosos personajes a lo largo de los años; muy bien situado. Mons (cuatro estrellas): Hotel de nivel medio pero acogedor. Mhotel (tres estrellas): Moderno, algo alejado del centro. Buen lugar para acoger congresos y conferencias.
Qué comer
Además de alta cocina muy elaborada en algunos restaurantes excelentes del centro, las recomendaciones se ciñen a productos tradicionales de la gastronomía eslovena: carnes en diferentes presentaciones, pescados traídos de Piran; varios tipos de queso (especialmente de las montañas); jamones del Carso; chorizos; miel; el 'prekmurska gibanika' (pastel de requesón, manzana, nueces y granos de amapola); pasteles y bollos, dulces o salados; el 'ajvar' (mezcla de verduras); o el 'potika' (contundente bollo relleno de chocolate). No se puede dejar de probar la cerveza eslovena, con marcas propias como Union o Zlotorov, ni sus cuidados vinos procedentes de las cepas centenarias de regiones cercanas a ríos como el Sava o en áreas de Podravje.
Que comprar
Cestería, ropa, madera, cerámica, antigüedades, instrumentos musicales, vino… El horario comercial suele ser de 8:00 a 19:00
Direcciones de interés

 

 
 

 

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