Malta

Espíritu caballeresco

Desde el cielo, la primera impresión que ofrece el pequeño archipiélago maltés es la de un lugar distinto a todo: alguna huella puramente árabe, fortificaciones para defenderse de los turcos y alguna que otra de su reciente pasado británico. Es ahora tierra de calma, de habitantes que conservan con vehemente espiritualidad su pasado cincelado por los caballeros de la Orden de San Juan.Todo un conjunto excelente para la organización de un viaje de incentivo.

Vistas desde Vittoriosa Wharf (muelle al lado de La Valletta)

La entrada de Malta en la Unión Europea en 2004 no se ha dejado notar, al menos de momento. La infraestructura viaria, los curiosos autobuses que recorren la isla como una exhalación y el ritmo de vida siguen intactos, sin rastro de que la adhesión haya supuesto un beneficio. Pero da igual, Malta no debe cambiar o perderá su esencia indiscutible.

Para muchos viajeros españoles sigue siendo un destino poco conocido, pero para los ingleses e italianos no tiene ningún misterio. Fue colonia inglesa hasta hace 41 años y eso se nota: junto al maltés, de muy difícil comprensión, el inglés es el idioma oficial y casi toda la población es bilingüe, y se percibe también en iconos que hoy son objeto de atención para el turista, como las típicas cabinas telefónicas de color rojo, la conducción por la izquierda... La huella quedó también grabada por los españoles, en su mayoría aragoneses y catalanes, y por la famosa Orden de los Caballeros de Malta.

Con casi 300.000 habitantes y sólo 30 kilómetros de longitud máxima, no impresiona por sus playas, bosques o arquitectura, pero sí por la magia de un lugar sembrado de pueblos y ciudades de cierta influencia árabe, iglesias católicas que compiten en esplendor con las más renombradas de Europa, sus coloridos puertos pesqueros y su historia, una gran carga de historia que a veces a los malteses les desagrada recordar.

El que vaya a Malta pensando únicamente en el cansino turismo de sol y playa, que se olvide. Sol sí, a raudales, pero playas como las españolas no, aunque suficientes para practicar los deportes náuticos tradicionales y un paraíso para el submarinismo. En eso Malta también se ofrece distinta, porque a los lugareños no se les suele ver tomando el sol, salvo algún joven, sino paseando, hablando sin parar y tomando Cisk, su cerveza favorita.

Siempre ha sido objetivo de invasores (turcos, ingleses, franceses, fenicios... y corsarios, algunos de ellos españoles) por su inestimable situación estratégica, a medio camino entre el mundo árabe y el cristiano, lo que dio pie a que en 1530 le fuera entregada por parte de Carlos V a la Orden de San Juan, que había perdido Rodas, para instalar su capital hospitalaria. Cómo no, múltiples leyendas acompañan esa presencia secular de la Orden, que aún sobrevive y tiene un gran maestre. Los malteses son simpáticos y amables, orgullosos de lo que tienen. Su carácter parece más italiano que árabe y, desde luego, nada de británico. Pero quizás su mayor rasgo es su profunda religiosidad: son ultraconservadores en ese sentido, y ¡cuidado con entrar una mujer en pantalón corto o con los hombros destapados en una iglesia! En cada templo una amable parroquiana recordará, tras una profunda mirada de reproche, que esas licencias no se pueden permitir y entregará un chal a cada mujer para que se cubra los hombros. Tampoco los hombres se libran de las amonestaciones por una vestimenta inadecuada. El divorcio, por ejemplo, es algo que no se concibe en un país como Malta. Prueba de esa religiosidad es que en casi todas las fachadas hay, junto al timbre de la puerta, una pequeña imagen de un santo o una virgen, cuando no un pequeño altar con velas y flores. En cada autobús o taxi los conductores se hacen acompañar de increíbles colecciones de imágenes, y hasta el pueblo más pequeño exhibe con orgullo una imponente iglesia. De hecho, uno de los capítulos que hace más felices a los malteses es recordar que San Pablo naufragó y fue a parar a Malta, como se recoge en los Hechos de los Apóstoles.

Pescador pintando su 'luzzu'

La Valletta

El recorrido debe iniciarse desde La Valletta, la singular capital desde hace cinco siglos fundada por Jean de La Vallette. Como no podía de ser de otro modo, es el destino del turismo que llega en manada de los cruceros que a diario hacen escala en la isla. Su abrigado puerto la ha salvado de múltiples asedios, sobre todo de los perseverantes turcos. Los abundantes edificios nos salen al paso desde la misma Republic Street, con los característicos balcones cerrados, decorados en varios colores, pura herencia inglesa.

Una vez traspasada la Puerta de la Ciudad dejamos a un lado el Palacio Ferreria, antigua armería de los caballeros, y la Biblioteca Nacional en Republic Square, ideada por los caballeros para reunir sus valiosos documentos. Y llegamos al Palacio del Gran Maestre, en el que hoy tiene sus dependencias la Presidencia de la República. La visita a su interior se inicia por sus patios, pero el ansia del viajero curioso le apremia a llegar a la Armería, con valiosas piezas, y a los salones superiores donde las variopintas representaciones de la historia de la Orden salpican las paredes, en tapices y pinturas. De salón en salón, la historia cala merced a la riquísima herencia que los caballeros se esforzaron por legar.

Republic Street es el centro neurálgico y el paraíso de las compras. En ella está la concatedral de San Juan, por fuera sencilla, pero por dentro una de las más bellas del mundo. Todo el suelo está formado por la tumbas, en vivos colores, de los grandes maestres de la Orden de Malta, y expone con orgullo como joya 'La decapitación de San Juan', de Caravaggio. Además de la magnífica nave principal, el mármol y las paredes de alabastro, tan frágiles que con el simple roce de un dedo se desprenden, acaparan la mirada embobada de cualquier viajero sensible.

La silenciosa Mdina

Partiendo de La Valletta el camino nos dirige a Mdina, la antigua capital que atesora una elegancia medieval y porte aristocrático. El silencio es lo primero que llama la atención tras cruzar su amurallado recinto. La piedra típica de las famosas canteras maltesas impone respeto en muros y fachadas del laberíntico complejo: capillas, palacios y casas señoriales, todo cuidado con mimo en la altiva Mdina. En la Catedral de San Pablo, que ha pasado por varias reconstrucciones, sorteamos dos impresionantes cañones conservados para advertir al invasor una vez más que los habitantes están dispuestos a presentar batalla, y accedemos a un interior sobrio donde resaltan imágenes y pinturas, especialmente en el museo. Al lado está el palacio arzobispal, y continuando en dirección norte llegamos al mirador desde el que se contempla casi toda la extensión de la isla.

Autobuses que recorren la isla

Otra de las rutas encamina por el este hasta Marsaxlokk, donde su tranquilo puerto acoge buena parte de los 'luzzus', las típicas barcas de pesca maltesas pintadas en vivos colores y con los 'ojos de Osiris' a babor y estribor. En la población se desarrolla los domingos un mercadillo al aire libre en el que no falta ningún producto maltés.

Del sur de Malta destaca la zona de la Ventana Azul -'blue grotto'-, singular paraje para fotografiar por la erosión del viento y el agua en la roca y excelente rincón para practicar el submarinismo entre sus corales.

Varios pueblos de la zona muestran notables iglesias y lugares en los que se han rodado numerosas películas, como Los cañones de Navarone, Troya y Gladiator, y encontramos Golden Bay, una de las pocas playas de Malta. Esta última es la mejor, junto a la de Melieha Bay, en el norte.

En la zona norte se hallan pueblos de menor atractivo, salvo Mosta, en el que la cúpula de su iglesia parroquial irradia grandiosidad -es una de las mayores del mundo-. Así que nadie debe dejarse engañar para que lo lleven al conocido The Popeye Village, el pueblecito de casas de madera que se construyó a finales de los setenta para rodar Popeye, pero donde ya el abandono es más que patente.

La isla del descanso

En Marfa, al noroeste de Malta, se toma el ferry que en sólo media hora nos traslada a Gozo, la segunda isla en importancia y elegida cada vez más por europeos que buscan un reducto para descansar. Gozo es la isla más 'verde' de Malta y buena parte de los productos hortícolas proceden de ella. Sólo tiene unos 30.000 habitantes y, cuando los turistas abandonan Victoria, su capital, es un inmejorable lugar para el reposo. Su tranquilidad procede de la serenidad de espíritu de los gozitanos, sin prisa y sin preocupaciones, de profunda religiosidad.

Desde el puerto de Mgarr, donde nos deja el ferry, podemos tomar la carretera a Marsalforn, donde un desvío nos conduce a la Cueva de Calipso. Una vez nuestra imaginación ha reproducido las escenas en las que Ulises es retenido por la ninfa con sutiles artes, la ruta nos guía por el interior de la isla hasta la otra punta en sólo quince minutos. Llegamos a 'Azure Window', magnífico paraje para tomar un baño y repetir submarinismo, y a Xlendi, una recoleta entrada del mar hasta la misma puerta de los hoteles y restaurantes que se asientan en la ladera en forma de terraza. Aquí, junto a un promontorio, hay una pequeña entrada cerrada con llave para que sólo las monjas de un convento aledaño pudieran bañarse sin ser vistas.

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Fachada de La Valletta
Fortificación de La Valletta
Xlendi, en la isla de Gozo

Y tomamos el camino hasta Victoria (Rabat para sus habitantes), la capital de Gozo. Su ciudadela, con el castillo en su interior, es el principal atractivo del que los gozitanos se sienten más que orgullosos. Su visita es obligada, aunque el cúmulo de escaleras y cuestas que hay que salvar hasta llegar arriba pueden desalientar al más audaz. Pero el conjunto, atribuido a los fenicios en su origen, y sus vistas de toda la isla son más que recomendables.

Retrocediendo por las empinadas cuestas alcanzamos la catedral, recargada hasta en el mínimo detalle en su interior. En ella es muy posible que alguna feligresa muy dispuesta nos aborde para recordarnos la importancia de ser buenos cristianos y nos regale alguna oración o una estampa de un santo, como el San Jorge de una de sus capillas.

Guía práctica

Como llegar
Desde Madrid y Barcelona, la aerolínea Air Malta tiene vuelos directos. Otras compañías españolas y extranjeras vuelan a Malta, pero conviene informarse para tomar vuelos directos, en lugar de los que hacen escala en algún punto de Italia.
Moneda
Lira maltesa (1 € = 2,5 liras maltesas). Tardarán en adoptar el euro como moneda oficial, aunque es aceptado en muchos establecimientos.
Requisitos de entrada al país
DNI o pasaporte. No hace falta visado ni vacunaciones.
Desplazamientos
Dadas las escasas dimensiones de la isla principal, lo mejor es alquilar un coche, aunque conviene recordar que conducen por la izquierda. Los famosos autobuses naranjas, traídos del Reino Unido hace décadas, son, además de un atractivo turístico más, la otra opción para desplazarse. Para visitar la isla de Gozo, el Ferry sale de Marfa, en Malta, más o menos cada 40 minutos y cuesta, ida y vuelta con vehículo incluido, 6,25 liras maltesas. Tarda media hora.
Donde dormir
La oferta hotelera es muy variada. Es recomendable alojarse en hoteles de cuatro o más estrellas, porque los precios no varían mucho en relación a uno inferior y la diferencia es considerable en cuanto a calidad y servicio. La mejor oferta hotelera está, sin duda, en St. Julian's y en las bahías cercanas. Hoteles: Intercontinental (en St. George Bay), 5 estrellas. Es el edificio más alto de Malta. Unido a todos los lujos, cuenta con uno de los mejores restaurantes del país. Le Meridien Phoenicia, 5 estrellas. De estilo colonial, es otro de los grandes hoteles de lujo de la isla. The Westin Dragonera Resort, 5 estrellas, en St. Julian's. De inmejorable ubicación, es un paraíso para la tranquilidad. Golden Tulip Vivaldi, 4 estrellas. También en St. Julian's, es un cómodo hotel muy bien situado en la zona de más 'vida' de la isla. Excelente para congresos y reuniones.
Donde comer
En la cocina maltesa, el plato por excelencia es el conejo (fenek, en maltés), exquisito en varias presentaciones; también los pescados frescos, especialmente el lampuki, muy parecido a la dorada; la comida italiana -dada su cercanía con Sicilia-, con magníficas pizzas y pastas; el pan típico, el hobza tal-Malti, abierto y caliente con aceite y tomate por encima, queso u otros ingredientes; y los pastizzi, bollos rellenos. Entre los restaurantes más recomendables destacan los de la bahía de St. Julian's, con variadísimas opciones: L'Ghonella, Al Francesco, Paparazzi, Peppinos'. En La Valletta: Rubino, Ambrosia, Da Pippo, Trattoria Campanella.
Bibliografía
'Rumbo a Malta', de la editorial Laertes. Su autor, Eladi Romero, un auténtico enamorado y experto de Malta. www.laertes.es
Direcciones de interés
 
 

 

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